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Emigración y cambio climático

Estoy ahora mismo viendo el programa Redes en el canal Docu TVE a traves de las emisiones p2p de Televisión Española.

Los investigadores invitados son Isabel Cacho, Investigadora del Departamento de Geociencias de la Universidad de Barcelona y Tomás Molina, Presidente de la International Assessment Broadcasting Metereology.

Están hablando de la intensidad de los cambios en el clima y Punset les ha preguntado que impacto tendrá esto en la sociedad. Aunque no es su campo de investigación han contestado con naturalidad que, por ejemplo, la emigración desde el África subsahariana está motivada por la hambruna que sufre la región a causa de una sequía que dura más de una década y que es debida al calentamiento global. Punset asombrado ha replicado que más bien es la imagen que ofrece la televisión de Europa la que atrae a los subsaharianos. Los investigares, como sorprendidos, con la convicción de quien dice algo obvio, han dicho que está claro que si la sequía les impide cubrir sus necesidades básicas en su tierra, buscarán hacerlo en Europa.

Evidentemente no es producto de un sólo factor, pero parece que el cambio climático es el que más pesa.
El clima está provocando cambios en el planeta. A veces más pequeños, a veces más grandes. En España se producen tensiones entre las comunidades autónomas por el uso del agua, en Centroamérica, el Caribe y EEUU se encuentran con demasiada frecuencia con huracanes que provocan devastación y miseria y en Europa observamos el incremento de la inmigración.

Nada es casual.

El fin del mundo

El final de los tiempos me fascina desde siempre. Quizás se deba a mi tendencia natural a enfangarme en varios proyectos simultáneos que veo el final de la humanidad como la madre de todas las huidas hacia delante.

La verdad es que nuestra sociedad nos ofrece alternativas catastrofistas para todos los gustos. Las hay religiosas, naturales, bélicas, etc.

Lo malo es que hasta ahora ninguna me había convencido: sus premisas eran más bien débiles. Algunos ejemplos:

El apocalipsis de San Juan: Una gran obra. La mejor baza de la Iglesia para convencernos de que es mejor no pecar demasiado porque se acerca el juicio de los justos. Tiene muchos ingredientes para ser un best-seller: dragones, bestias, prostitutas, jinetes, trompetas y hasta un anticristo. Sólo faltan los orcos. Incluso tenemos una estimación de San Malaquías sobre su fecha aproximada: faltan dos Papas. Cuando Ratzinger ascienda a la derecha del padre solo faltará uno. Y a nuestro pastor alemán favorito ya no le quedan muchos ladridos.
Desgraciadamente el Apocalipsis tiene dos grandes defectos: es muy largo (el proceso a grandes rasgos requiere derrotar a un Dragón, encerrarlo mil años y luego volver a derrotarlo) y, como el lector inteligente ya habrá notado, es muy poco creíble (para el que se quiera ahorrar la lectura viene siendo algo así como una versión gore de El Señor de los Anillos escrito por el padre Apeles puesto hasta las cejas de LSD).

Las sectas destructivas: Una fuente inagotable de fines del mundo. Cada año por lo menos hay uno. El gran gurú de turno anuncia que los alienígenas vendrán a buscar a los fieles antes de la explosión de la Tierra y que es necesario que las fieles pasen desnudas a su capilla para unos “ejercicios preparatorios de abducción”. Es fundamental en estas sectas aportar grandes cantidades de pasta para financiar el mantenimiento del Esferulador Pandeirante que usa el gurú para comunicarse con los aliens.
La desventaja que tienen es doble: son tan poco creíbles como el Apocalipsis y, a diferencia de éste, no son gratis.

Las catástrofes planetarias: La capa de ozono, el calentamiento global, meteoritos gigantes, etc. A diferencia de los anteriores éstos están basados en hechos reales y sus indicios son proporcionados por científicos y gente menos crédula. Su inconveniente principal es que difícilmente supondrán el exterminio de toda la humanidad.
El impacto de un asteroide, por ejemplo, puede arrasar varios países (seamos exagerados). Pero habrá unos cuantos que se libren. Los supervivientes simplemente cambiarán su lugar de residencia, se organizarán manifestaciones bajo el lema “Asteroides nunca máis” y unos cuantos miles de canteros y picapedreros tendrán trabajo asegurado durante años.
El desastre planetario definitivo será causado por la extinción del Sol o por el impacto de nuestra galaxia con la de Andrómeda. Pero eso será dentro de varios millardos de años, yo ya estaré calvo y sinceramente querida, me importa un bledo.

La Tercera Guerra Mundial: Misiles atómicos, invierno nuclear, etc. Esta modalidad de apocalipsis ha vivido mejores momentos. Con los misiles rusos a punto de caducar y con los yankis cansados de invertir en algo que solo han podido usar dos veces, el holocausto nuclear es una probabilidad más bien remota. Irán y Corea del Norte hacen esfuerzos por darnos alguna esperanza al respecto, pero es dudoso que se lo permitan (sobre todo a Irán, que le sale el petróleo por las orejas; ya me entienden). En todo caso también es probable que hubiese supervivientes (por ejemplo media Suiza o incluso Fraga, que está inmunizado desde lo de Palomares).

En resumen: nada llenaba mis delirios catastrofistas hasta que un día mi amigo Xabi Fariña me pasó un par de libros de Vernor Vinge.
Vernon es un simpático Doctor y profesor de matemáticas retirado de la Universidad de California que además escribe apasionantes novelas de ciencia ficción “dura”.
Sin embargo no voy a hablar de sus libros (que de todas maneras recomiendo, sobre todo la serie de las burbujas).

Pues bien, investigando un poco sobre el autor, descubrí que el Doctor Vinge es el padre de la más apasionante y fundamentada teoría del fin de la humanidad que he conocido hasta el momento: “La singuralidad”.

Resumiendo de mala manera, la singularidad viene a ser el momento en que se produce el advenimiento de una inteligencia sobrehumana a causa del avance de la tecnología. Vinge sostiene que además de inevitable, la singularidad provocará en fin de la era humana.

La verdad es que dicho así suena a película de Terminator, pero no va de eso. Denle una oportunidad a Vernor y no dejen de leer su interesante conferencia sobre el tema en la Universitat Politècnica de Catalunya (castellano) o el artículo original que presentó en un simposio de la NASA y en el que plantea su teoría (en inglés).